Encontré este escrito de mi hija, Sharmyn, y me pareció un buen ejemplo de cómo era ella, cómo veía la vida, de dónde nacía el optimismo y la fortaleza que siempre demostró y quiero compartirlo.
La vida es sólo la vida; ella está ahí para ser vivida, para que uno le de un uso razonable, el que uno crea correcto, el uso que uno piense que esta tiene. No siempre la hacemos libre; no siempre aprendemos a la primera, a unos les toca equivocarse más que a otros, pero al final, todos intentamos vivir de la manera que sabemos, la que hemos aprendido a vivir.
Apreciamos la vida más justamente cuando tememos por ella, en lugar de amar cada día vivido y aprender cada día algo nuevo.
A algunos nos cuesta más que a otros aprender a ser felices con nuestra vida, dentro de nuestra propia piel; a otros, se les hace fácil la idea de dejar pasar la vida y no vivirla, sólo ser ornamentación de la vida.
No todos amamos con intensidad. A veces sólo nos aman y no amamos; otras veces sólo amamos con la vida entera a alguien que no sabemos realmente cómo es. A veces damos más, a veces damos menos… y muchas veces no apreciamos a las personas que pasan por nuestra vida, porque pensamos que son substituibles o prescindibles; no nos damos cuenta que cada persona que está o ha estado en nuestra vida, ha sido valiosa, y tal vez nos enseñó algo, mucho, poco…. algo.
Hay quienes intentan vivir la vida de alguien más, pensando que es la propia, quizás para darle más emoción al cuerpo, alimentar fantasías, o sólo porque piensan que su propia vida es aburrida. Peor aún es la persona que vive con miedo, con temor a sentir a vivir, a amar, a ser amado, temor a sufrir a desear, a ser exitoso, a fracasar. Y la vida le pasa, pero no pasa por la vida.
Hay que vivir, hay que acostarse cada noche satisfecho con la vida porque ese día fue buena contigo y no te dejó, no se fue de ti, te acompañó ese día y te enseñó algo, aunque sea algo pequeño.
La vida está llena de recuerdos, de hechos, de palabras, de sentimientos, de acciones, de consecuencias, de calor de esperanza, de ilusiones, metas, música y amor.
La vida se hizo para que uno pase por ella, la viva y aprenda, no para que se diga que alguna vez se tuvo, y cada cuanto se conocieron.
¿Para qué quieres tú la vida? Para vivirla y ser feliz, para ver el mar y sentir la brisa en mi cara, para reír y para llorar, para ver la lluvia desde la ventana y correr al patio a mojarte en ella. Para contar las estrellas, para sentir una caricia, para besar, para sentir, para aprender, soñar, para ser feliz.
La vida está para vivirla y para morirla.”
Bendigo tu fortaleza y optimismo y pido a Dios que nos llene de ella para sobrellevar cualquier carga que debamos vivir.
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